Consiste en analizar a fondo el comportamiento del nombre elegido en los idiomas y mercados relevantes para la marca. El objetivo es asegurarse de que sea fácil de pronunciar, que no tenga connotaciones negativas y que resulte apropiado en los contextos culturales donde podría operar. Incluso si una marca nace con un enfoque local, es importante contemplar la posibilidad de internacionalización en un futuro. Por eso, realizar una validación lingüística desde el inicio no es un extra, sino una medida estratégica para evitar obstáculos innecesarios y proteger el potencial de expansión de la marca.
Consiste en realizar una investigación preliminar de la disponibilidad y viabilidad legal del nombre propuesto en los registros de marca del país o países objetivo. Esta revisión permite identificar posibles conflictos con otras marcas y valorar las opciones reales de registro para llevarlo a cabo con éxito.
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