Cambiar un nombre de marca existente por uno nuevo supone realizar un cambio rotundo en la identidad de la marca y en cómo es percibida. La mayoría de las veces, un cambio de nombre implica un cambio de marca.
El nombre es uno de los elementos más visibles y reconocibles de una identidad y también uno de los que más implicaciones tiene al modificarse. Adoptar un nuevo nombre de marca supone dotarlo de nuevas asociaciones, significados y formas de conectar con su público.
Entre los motivos más comunes para iniciar un proceso de renaming se encuentran las fusiones o adquisiciones de empresas, la necesidad de actualizar un nombre que ha quedado desfasado o es excesivamente descriptivo, conflictos legales o la presencia de connotaciones negativas.
Revisa la bandeja de entrada de tu email para confirmar la suscripción.